Una pelirroja de mirada ardiente y sonrisa urgente que hacia no solo un placer a los ojos, sino que podían hablar por horas de cualquier cosa y hasta el tema mas trillado sonaba novedoso. Se encontrarían a unas cuadras de su casa un par de horas antes por las ganas de cafe.
Puntual como siempre lo fue, llegó al Starbucks acordado y ella se estaba tomando demasiado tiempo en llegar. La llamó y la terrible noticia se hacía presente, ella no llegaría. Todo esto resultaba profundamente irónico, una cruel burla del destino y la confirmación de que al planear mucho algo se vuelve vulnerable a la descepción. Pensó en que cosa podía hacer; ir solo estaba completamente descartado asi que debía encontrar una chica que le gustara el teatro y no solo fuera un placer a la vista sino una buena conversación.
Revisó por varios minutos la agenda de su celular una y otra vez, pero sin ninguna idea clara. Todas las que pudieron haber sido, no podrían ser y las que no, no. Con cada pasada, tomaba mas atención a un número que nunca penso en que pudiera ser. Luego de muchas idas y venidas en su mente, se decidió por fin a hacerlo.
Decidio aunque sin temple en sus dedos, marco el número y una foranea voz a su presente cercano respondió.
-Princesa?- dijo el con casi un nudo en la garganta.
-Ya no lo soy para ti. ¿Porqué me llamas?- respondía con la misma frialdad de el tiempo "post"
-Se que suena raro, pero... tengo dos entradas para el teatro .. vamos?-
Sorpresivamente ella aceptó; acordaron la hora y el lugar donde se encontrarían. Seguían las sorpresas, llegó puntual. Se saludaron y entraron a ver la obra. No hablaron durante todo el acto.
Terminó la obra y como vivía cerca del teatro, le preguntó si no le molestaba que la acompañara a su casa. Caminaron un par de cuadras sin intercambiar palabras -años sin hablarse luego de un evento tan fulminante, hacía que hablar fuera dificil- hasta que ella rompió el hielo y le preguntó que había estado ocurriendo en su vida, sabía de él lo que la televisión y los medios comentaban acerca de su trabajo, pero más nada.
Intercambiaron historias y anecdotas de todos esos años sin verse como si fueran intimos amigos -la intimidad ganada una vez, nunca se pierde- Sin darse cuenta, estaban sentados en el mismo parque que albergaba los recuerdos y besos a escondidas que ellos compartían. Seguían brotando las historias, las bromas, las confesiones; pero había algo que quedaba en duda para ambos, ¿Quá demonios está pasando acá?
La cabeza de ambos volaba al mismo tiempo que prestaba atención al suave roce de que cada una de las palabras, y del mas mínimo detalle en el lenguaje corporal del otro. Ella solo pensaba en que ahora podía ver las cosas que hicieron que se enamorara de el y el no podía sacar de su cabeza la idea de que tal vez ahora la podría tener de nuevo en su vida pero que se arriesgaba a perderlo todo otra vez.
Era realmente tarde, el frio del amanecer se podía sentir.
-Bueno en unas horas tengo que ir a trabajar y estoy segura que tu tambien, ya me voy-
-Te acompaño hasta la puerta, dejame terminar de ser un caballero-
Caminaron hasta la puerta y se quedaron mirando fijamente durante un segundo que pareció durar dias, meses, años, siglos, una eternidad completa.
-Princesa ...-
-Ya te dije que no lo soy mas para ti- Respondió con lagrimas en los ojos.
-Deja de decir estupideces quieres? Siempre lo serás- De una manera tan tajante que la dejo con la boca cerrada.
Entró por la puerta de su casa y la cerró sin despedirse. El dió la vuelta y paró el primer taxi que encontró. Se sentó y sonó su celular. Era la pelirroja de mirada ardiente y sonrisa urgente reclamando el porqué de dejarla esperando fuera del teatro. Dentró de el y luego de darle una breve explicación pensó, "Tenía mejores cosas que hacer". Colgó y miró el amanecer mientras se preguntaba como seguir vivo durante los próximos 10 años.