sábado, 14 de noviembre de 2009

Entradas y tardanza.

Al fin se terminaba el castigo! Todos los beneficios carcelarios aprovechados con el fin de esta libre ese sabado por la noche. Una cita tan importante como esa, era simplemente imposible de faltar. Tenía en su mano entradas para el teatro -una obra de esas que los narcisistas directoruchos lanzan, nada que realmente valiera la pena- y el celular listo para llamar a su cita.

Una pelirroja de mirada ardiente y sonrisa urgente que hacia no solo un placer a los ojos, sino que podían hablar por horas de cualquier cosa y hasta el tema mas trillado sonaba novedoso. Se encontrarían a unas cuadras de su casa un par de horas antes por las ganas de cafe.

Puntual como siempre lo fue, llegó al Starbucks acordado y ella se estaba tomando demasiado tiempo en llegar. La llamó y la terrible noticia se hacía presente, ella no llegaría. Todo esto resultaba profundamente irónico, una cruel burla del destino y la confirmación de que al planear mucho algo se vuelve vulnerable a la descepción. Pensó en que cosa podía hacer; ir solo estaba completamente descartado asi que debía encontrar una chica que le gustara el teatro y no solo fuera un placer a la vista sino una buena conversación.

Revisó por varios minutos la agenda de su celular una y otra vez, pero sin ninguna idea clara. Todas las que pudieron haber sido, no podrían ser y las que no, no. Con cada pasada, tomaba mas atención a un número que nunca penso en que pudiera ser. Luego de muchas idas y venidas en su mente, se decidió por fin a hacerlo.

Decidio aunque sin temple en sus dedos, marco el número y una foranea voz a su presente cercano respondió.

-Princesa?- dijo el con casi un nudo en la garganta.
-Ya no lo soy para ti. ¿Porqué me llamas?- respondía con la misma frialdad de el tiempo "post"
-Se que suena raro, pero... tengo dos entradas para el teatro .. vamos?-

Sorpresivamente ella aceptó; acordaron la hora y el lugar donde se encontrarían. Seguían las sorpresas, llegó puntual. Se saludaron y entraron a ver la obra. No hablaron durante todo el acto.
Terminó la obra y como vivía cerca del teatro, le preguntó si no le molestaba que la acompañara a su casa. Caminaron un par de cuadras sin intercambiar palabras -años sin hablarse luego de un evento tan fulminante, hacía que hablar fuera dificil- hasta que ella rompió el hielo y le preguntó que había estado ocurriendo en su vida, sabía de él lo que la televisión y los medios comentaban acerca de su trabajo, pero más nada.

Intercambiaron historias y anecdotas de todos esos años sin verse como si fueran intimos amigos -la intimidad ganada una vez, nunca se pierde- Sin darse cuenta, estaban sentados en el mismo parque que albergaba los recuerdos y besos a escondidas que ellos compartían. Seguían brotando las historias, las bromas, las confesiones; pero había algo que quedaba en duda para ambos, ¿Quá demonios está pasando acá?

La cabeza de ambos volaba al mismo tiempo que prestaba atención al suave roce de que cada una de las palabras, y del mas mínimo detalle en el lenguaje corporal del otro. Ella solo pensaba en que ahora podía ver las cosas que hicieron que se enamorara de el y el no podía sacar de su cabeza la idea de que tal vez ahora la podría tener de nuevo en su vida pero que se arriesgaba a perderlo todo otra vez.

Era realmente tarde, el frio del amanecer se podía sentir.

-Bueno en unas horas tengo que ir a trabajar y estoy segura que tu tambien, ya me voy-
-Te acompaño hasta la puerta, dejame terminar de ser un caballero-

Caminaron hasta la puerta y se quedaron mirando fijamente durante un segundo que pareció durar dias, meses, años, siglos, una eternidad completa.

-Princesa ...-
-Ya te dije que no lo soy mas para ti- Respondió con lagrimas en los ojos.
-Deja de decir estupideces quieres? Siempre lo serás- De una manera tan tajante que la dejo con la boca cerrada.

Entró por la puerta de su casa y la cerró sin despedirse. El dió la vuelta y paró el primer taxi que encontró. Se sentó y sonó su celular. Era la pelirroja de mirada ardiente y sonrisa urgente reclamando el porqué de dejarla esperando fuera del teatro. Dentró de el y luego de darle una breve explicación pensó, "Tenía mejores cosas que hacer". Colgó y miró el amanecer mientras se preguntaba como seguir vivo durante los próximos 10 años.


domingo, 1 de noviembre de 2009

La Dama de Rojo

Era domingo por la noche y Manuel no dejaba de preguntarse donde demonios, se había podido meter Andrea. Cambiando canales y recordando bacanales, intentaba adivinar con quien podría estar. "Que importa ... en algún momento tendrá que llamar" Se puso el polo viejo que usaba para dormir y se metió a la cama.

Cerca de las 12; el timbre de su departamento, ubicado en las Garzas 444, no dejaba de sonar. Se puso el jean del dia anterior y sin demoro alguno fue a ver quien podia ser el inoportuno.

-Diga?-
-Entrega especial para el Sr. Manuel- respondío una mujer de voz sensual.
-Entrega especial? Debe ser un error, quien la envía.-
-Averiguel usted mismo, tengo las llaves y tocar el timbre fue solo una formalidad-

Manuel asustado, corrío por su 22. y espero a la dama en la sala de su hogar. La dama entró y se sentó en el sofa de 3 cuerpos. Con un palmeteo, se prendieron las luces y se descubrió una cara familiar.

Melena castaña, tez blanca, ojos caramelo y un cuerpo que denotaba una gran pasión por el deporte; todo envuelto en una abrigo de cuero rojo y botas negras.

Por la cabeza de Manuel cruzaban imagenes y posibilidades a la velocidad de la luz -te equivocaste Albert, la velocidad de la luz en el vacio no es constante- pero una duda empezaba a dejarse ver entre el cumulo de ideas, ¿podría ser?

La dama de rojo se levantó y como una niña empezó a examinar todo el lugar, pasando la mano por las paredes y mirando con sonrisa picara a Manuel -si solo pudierán ver su cabeza en ese momento-. En medio de todo su balet, su único objetivo era el de ir acercandose poco a poco a su presa, Manuel no tenía idea de huracán que se avecinaba mientras su danza lo engatuzaba

Llegó a su objetivo, lo miró a los ojos y solo dijo "Ven, toma mi mano y sigueme"

Lo llevo a su habitación, a la misma cama donde el y Andrea habían disfrutado tantas noches, tantas peleas y arrumacos. "Ya Manu! tranquilo" Se repetí constantemente en su cabeza hasta que ella lo besó.

En ese momento el torbellino de emociones y sensaciones que corrían por el cuerpo de Manuel eran indescriptibles, la dama de rojo sabía muy bien como dominar a su presa y su destreza solo se comparaba a la Andrea.

Mientras el viento entraba por la ventana del cuarto piso de las Garzas 444, la ropa se despegaba del cuerpo de los amantes como si fueran a salir de la crisalida.

Besos, abrazos y caricias recorrian el cuerpo de cazador y presa; pero la presa, no podía creer lo que estaba haciendo. La lucha interna en el lo obligaba a seguir pese a que sabía muy bien que estaba mal lo que hacía.

Somos humanos y son pocos los elejidos para controlar los llamados lacivos de la carne. Manuel no era uno de ellos. Dejó de la lado todo lo que podía pensar y de manera autómatica empezó a luchar con su agraviante para obtener el control y ser el quien fuera cazador.

Hicieron el amor toda la noche con la misma pasión y fuerza que hubieran causado en el las caricias de Andrea. Luego de terminada la faena, ambos cayeron en el mas profundo sueño.

A la mañana siguiente, Manuel pensó que todo esto había sido una simple truco jedi de su mente. Volteó para darle un beso a Andre y se dio cuenta con la sorpresa de que no era ella, la dama de rojo era quien dormía en su pecho.

Salió bruscamente de la cama despertando a la dama de rojo. Lo miró fijamente a los ojos y con la misma sonrisa que lo hechizó la noche anterior, se levantó el pelo de la cara y dijo.

-Buenos días mi amor, esto de los juegos de roles me encanta, deberíamos hacerlo mas seguido- Se paró le dio un beso y se metío a la ducha.