domingo, 1 de noviembre de 2009

La Dama de Rojo

Era domingo por la noche y Manuel no dejaba de preguntarse donde demonios, se había podido meter Andrea. Cambiando canales y recordando bacanales, intentaba adivinar con quien podría estar. "Que importa ... en algún momento tendrá que llamar" Se puso el polo viejo que usaba para dormir y se metió a la cama.

Cerca de las 12; el timbre de su departamento, ubicado en las Garzas 444, no dejaba de sonar. Se puso el jean del dia anterior y sin demoro alguno fue a ver quien podia ser el inoportuno.

-Diga?-
-Entrega especial para el Sr. Manuel- respondío una mujer de voz sensual.
-Entrega especial? Debe ser un error, quien la envía.-
-Averiguel usted mismo, tengo las llaves y tocar el timbre fue solo una formalidad-

Manuel asustado, corrío por su 22. y espero a la dama en la sala de su hogar. La dama entró y se sentó en el sofa de 3 cuerpos. Con un palmeteo, se prendieron las luces y se descubrió una cara familiar.

Melena castaña, tez blanca, ojos caramelo y un cuerpo que denotaba una gran pasión por el deporte; todo envuelto en una abrigo de cuero rojo y botas negras.

Por la cabeza de Manuel cruzaban imagenes y posibilidades a la velocidad de la luz -te equivocaste Albert, la velocidad de la luz en el vacio no es constante- pero una duda empezaba a dejarse ver entre el cumulo de ideas, ¿podría ser?

La dama de rojo se levantó y como una niña empezó a examinar todo el lugar, pasando la mano por las paredes y mirando con sonrisa picara a Manuel -si solo pudierán ver su cabeza en ese momento-. En medio de todo su balet, su único objetivo era el de ir acercandose poco a poco a su presa, Manuel no tenía idea de huracán que se avecinaba mientras su danza lo engatuzaba

Llegó a su objetivo, lo miró a los ojos y solo dijo "Ven, toma mi mano y sigueme"

Lo llevo a su habitación, a la misma cama donde el y Andrea habían disfrutado tantas noches, tantas peleas y arrumacos. "Ya Manu! tranquilo" Se repetí constantemente en su cabeza hasta que ella lo besó.

En ese momento el torbellino de emociones y sensaciones que corrían por el cuerpo de Manuel eran indescriptibles, la dama de rojo sabía muy bien como dominar a su presa y su destreza solo se comparaba a la Andrea.

Mientras el viento entraba por la ventana del cuarto piso de las Garzas 444, la ropa se despegaba del cuerpo de los amantes como si fueran a salir de la crisalida.

Besos, abrazos y caricias recorrian el cuerpo de cazador y presa; pero la presa, no podía creer lo que estaba haciendo. La lucha interna en el lo obligaba a seguir pese a que sabía muy bien que estaba mal lo que hacía.

Somos humanos y son pocos los elejidos para controlar los llamados lacivos de la carne. Manuel no era uno de ellos. Dejó de la lado todo lo que podía pensar y de manera autómatica empezó a luchar con su agraviante para obtener el control y ser el quien fuera cazador.

Hicieron el amor toda la noche con la misma pasión y fuerza que hubieran causado en el las caricias de Andrea. Luego de terminada la faena, ambos cayeron en el mas profundo sueño.

A la mañana siguiente, Manuel pensó que todo esto había sido una simple truco jedi de su mente. Volteó para darle un beso a Andre y se dio cuenta con la sorpresa de que no era ella, la dama de rojo era quien dormía en su pecho.

Salió bruscamente de la cama despertando a la dama de rojo. Lo miró fijamente a los ojos y con la misma sonrisa que lo hechizó la noche anterior, se levantó el pelo de la cara y dijo.

-Buenos días mi amor, esto de los juegos de roles me encanta, deberíamos hacerlo mas seguido- Se paró le dio un beso y se metío a la ducha.

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